Su madre un poco preocupada le contó que aparte de exigirles cosas sobre todo tenía que quererlos y escucharlos, para demostrárselo le contó la historia de un rey que quería que todos le obedecieran sin rechistar.
-Érase una vez un rey que quería que todos le obedecieran sin rechistar, los aldeanos se quejaban mucho y no querían hacer los trabajos absurdos que les mandaba su rey y prepararon un golpe de estado.
-El rey era muy rico gracias a los trabajos que le hacían los aldeanos y estos eran muy pobres ya que no recibían nada a cambio, así que le dijeron al rey que o cambiaba su actitud o le harían abdicar.
-En vez de empezar una guerra los aldeanos decidieron enseñarle al rey lo que provocaban sus actos, el rey comprendió lo que estaba haciendo y decidió ser mejor rey y el reino mejoró un montón.
La madre le enseñó a su hijo esta moraleja para que la ponga en práctica cuando crezca.
A los justos y humildes, Dios los ensalza;
a quienes son soberbios, Él los rechaza.